viernes, 20 de mayo de 2016

Luz



   El fuego de la fe fue en muchas ocasiones. Ese astro gigante que dirige el paso del tiempo en silencio. No se oye silbar a la luz que se introduce por la ventana, sin embargo, invita a las aves a acariciar los estertores de la noche. Trama por las esquinas el abordaje de habitaciones singulares que progresivamente estampan el color en las paredes, en los muebles, en los compañeros de alcoba.
   La luz del amanecer es el eterno retorno de la vida. El despertador de los pasos del más pudiente, del más desgraciado. Domina el cielo en todo lo alto dirigiendo los caminos de los seres vivos, que lo huyen cuando radia demasiado, que lo buscan cuando es perezoso. Es el cómplice de amantes que paran el tiempo en una caricia, de pescadores que guardan el silencio en sus frágiles pisadas, de conductores de camiones que miran al horizonte buscando un futuro mejor. Es el verdugo de los fusilados de guerra, de los explotados en los rincones del mundo, de los rateros del bolso o la vida. Es el espejo de los ojos de la humanidad, es el padre de las primeras reflexiones filosóficas, de las luchas fraticidas, de las cuevas de Altamira donde nunca se llegó a colar. Fue dios en algún momento y en otro hidrógeno y helio. Estuvo dando vueltas a la Tierra y luego la Tierra empezó a dar vueltas sobre él. Fue centro del universo y luego un grano de arena de él. Tuvo todas las formas, todos los significados y siempre estuvo ahí, impasible, entre el desdén y la entrega generosa de la posibilidad de la vida.
   Es el sol, testigo de hazañas, testigo de fracasos, que nunca falló un amanecer. Ni siquiera uno.

LA AUSENCIA DE VANGUARDIA




   Hubo una época no muy lejana de contrapeso. El metarrelato principal en el que vivimos estaba amenazado por la existencia de otro que tenía su propio avance. La Guerra Fría escenificó dos tipos de mundos, dos tipos de opciones que se empujaban entre sí. Existía miedo al otro, lo que no puede significar otra cosa que miedo a la rebelión, miedo al cambio de metarrelato.

   Estamos hablando, como no, de capitalismo y comunismo en sus versiones fácticas, en la praxis de ambas teorías, no hablamos de las teorías en sí. Lo que permitió la existencia de la socialdemocracia y del Estado del Bienestar fue la existencia de un enemigo que tenía un metarrelato que aludía a la revolución de los débiles, el comunismo. Ambos regímenes eran nocivos en su práctica, pero tenían la necesidad del otro como límite a sus excesos, algo que el capitalismo, sobre todo en Europa, llegó a entender mejor. De ahí que acabara ganando la guerra ideológica.

   Sin embargo, ¿cómo es el mundo hoy? A excepción de algunos países que siguen manteniendo un sistema alternativo o que lo intentan, el mundo del capitalismo no tiene rival. No existe un contrapeso ni un enemigo ideológico que suponga una puesta en riesgo de las formas en las que se expresa el sistema y el poder. Ni siquiera existe una balanza desde dentro, desde el sufrimiento que conlleva tanto en las naciones propias como ajenas la excelsa praxis del capitalismo. Lo único que existe es un páramo masificado de ausencia de pretensión alguna de un futuro mejor. Es decir, no existe ninguna teoría, metarrelato, religión o miseria suficiente de la que brote un pensamiento de vanguardia. No ha habido un “repensar” de las categorías principales de las que consta nuestro sistema. No ha habido una vuelta a la libertad, a la fraternidad, a la solidaridad, etc. Ha habido un triunfo masivo del individualismo de consumo, de la resignación, de la anestesia. Y se ha llevado a cabo en la cultura, entendida desde el punto de vista de las costumbres, de los actos por los que se rige la vida cotidiana de las personas. La compulsividad es una enfermedad aceptada como normalidad, como un acto de libertad del individuo.

   Uno tiene la sensación de que Europa ha muerto, porque ha muerto como vanguardia de pensamiento. El germen de un propósito de sociedad mejor es inexistente. La antorcha olímpica del saber, del pretender un mundo mejor, ha sido tirada al barro y apagada por quienes no entendían por qué la portaban ni adónde se llevaba, es decir, por nosotros. Muy probablemente porque esta búsqueda de la mejoría está basada en una idea central que nace del racionalismo: el progreso. Una idea que muere.

   No es tiempo ni de ideas ni de acción en occidente. No existe un otro al que agarrarse, porque el éxito del capitalismo es abrumador. Ha cambiado el modo de vivir de las personas, lo ha hecho unívoco, lo ha adaptado a las necesidades del poder y tiene la posibilidad de jugar con ello tanto como desee porque no existe corriente de pensamiento que lo arrastre hacia otro lugar. Está en la cúspide de su historia, algo que se puede notar por la decadencia de las gentes que lo viven. Estoy pensando en África, en Oriente Medio, en Latinoamérica, donde hemos dominado desde la razón puramente instrumental y hemos generado un caos absoluto. Un caos que se desgrana hoy a las puertas de una Europa que cierra los ojos porque se ha estancado, se ha vuelto conservadora, sólo piensa en retener lo que tiene. No tiene ninguna pretensión de aumento de vida, quiere subsistir eternamente tal como es. Se ha vuelto débil.

Lo peor de esta percepción es que el sustrato está ahí. Desdeñado, pero está ahí, en la historia de occidente. Es difícil pensar que una vanguardia fuera traída desde fuera si ese fuera no conoce ya el inmenso patrimonio de fracasos ideológicos que contiene nuestra historia. Probablemente, la voluntad de poder que se va a imponer a occidente sea repetitiva en cuanto a teoría sustentante. Sea una vanguardia ya fracasada anteriormente, sin una esperanza que no sea fugaz en este mundo de informaciones efímeras e inestables.

No queda optimismo sin certezas.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Librería



   No es extraño que cada vez que tengo que ir a un centro comercial, acabe en alguna librería del mismo. Normalmente, no compro nada, simplemente doy un paseo, miro alguna novedad que pueda ser interesante. Hoy no. Hoy buscaba algo concreto.

   Me apetecía investigar sobre dos temas: animales e historia antigua. Empecé el recorrido marcado por la tienda que hacía dar la vuelta a la misma para acabar en la salida. Después de pasar todos los cachivaches tecnológicos que no me son ajenos, pero tampoco me importan demasiado, llegué a los libros. Estaban cambiando los estantes. Donde estaban las recetas de cocina, rezaba el título del estante “Historia universal” e “Historia de España”. Al lado “Filosofía” y “Religiones” Cada una con un estante pequeñito, donde debían caber todas esas cosas que hoy cuando las estudiamos nos acosan con la chirriante pregunta ¿para qué sirve eso? Todas esas cosas que componen todo lo que hemos sido y todo lo que somos. Ya tengo asumido que eso poco importa. Sin embargo, todavía debajo estaban los libros de cocina y casualmente los de animales y botánica. Allí poco encontré que me interesara. Yo quería leer sobre la fauna ibérica, pero encontré principalmente libros sobre faunas de sitios remotos. Hawaii, Tailandia, botánica oriental, botánica americana, psicología perruna y cómo hacer un montón de cosas. Cómo hacer jardinería en tu hogar, cómo hacer jardinería en tu patio, cómo pensar como un gato, cómo convertirse en un experto en no se qué…Doy gracias que al lado de La biblia de la astronomía no hubiera uno que se titulara “cómo ser un imbécil”. Aunque había algo parecido, un montón de vagos impresos de autoayuda.

   Puesto que no encontré nada de aves y peces de la península que era lo que yo buscaba, fui paseando por otras zonas. En una zona destacada, junto a otros títulos variopintos, había un libro minúsculo: “Cómo ser una buena esposa”, Alianza Editorial. Lo abrí al azar, sin miedo a miradas de desaprobación, y lo primero que leí fue: “usted, como mujer, no espere ser feliz”. Mi alboroto mental era ya supino, así que seguí mi camino entre un aguacero de novelas y relatos que marean. Por fin llegué a donde estaban los libros de Historia, donde decía “Recetas de cocina”. Empecé a buscar en un manantial y no quedé menos mareado: “La verdadera cara de Franco”, “Franco con franqueza”, “La cara oculta de Franco”, “Breve historia de...”, “El carisma oculto de Hitler”, “Los secretos de los dictadores”. Biografías de todos los personajes que pueda uno imaginar. Había de todo, menos historia. Allí había autobiografías no autorizadas, un estante de trapos sucios de personajes importantes. Yo quería encontrar algo un poco menos específico, algo que me contara como vivía un don nadie de alguna época. Imposible.

   Me di la vuelta y vi un mostrador con diez libros de ensayo y uno de ellos era: “Manifiesto comunista, Marx y Engels”, Alianza Editorial. Al leer esto último recordé que de ser mujer, no podría ser feliz…Cosas de las editoriales. No es que no encontrara nada de la historia que yo buscaba, pero todo era o “Breve…” o directamente el nombre de una ciudad o un personaje. Llegué casi a convertirme en un profundo monoteísta cuando vi “Historia de España completa”, volví a ser un descreído cuando era el volumen VII y no había ninguno más.

   Aburrido, como última esperanza fui al estante de libros de cine esperando encontrar algún guion, pero otra vez no pude conseguir lo que pretendía. Eso sí, todo eran libros que rezaban: “Cómo escribir un guion”. Eso sí, sus autores no habían triunfado en el mundillo. Entonces era mejor que escribieran “Cómo no escribir un guion”. Queriendo salir corriendo, no lo hice por no parecer un ladrón, así que andando a la salida me bombardearon con merchandising abundante de Star Wars, recordé que George Lucas estaba indignado con la venta a Disney de su religión secular y lo entendí todo.

   Casi todos los libros se enfocaban a cómo ser, cómo hacer, a una conversión casi religiosa en un oficio, en una actitud vital que los potenciales lectores no tenían. Incluso en Historia estaba reinando la extrema personificación de la misma, tanto, que abruma un poco que el contexto sea hasta desconsiderado. El individualismo sin contenido, el vacío existencial, la necesidad de anecdotario, la pose comercial…Me pareció haberlo leído antes. De camino al coche quise recordar y recordé “Los escaparates mandan” de Ortega y Gasset y “La náusea” de Sartre. Todo me pareció en este día primaveral muy sombrío, muy ruidoso. Pensé en el progreso como si Moisés y sus creyentes fueran por una carretera infinita sin tierra prometida. Luego recordé cómo se consiguen las tierras prometidas, cómo están muriendo en el barro de Grecia aquellos no refugiados y cómo nosotros jugamos al ping-pong en busca del aturdimiento entre la sobreinformación y el entretenimiento. La hora de comer se va acercando con sigilo para perpetrar en mí un momento de descanso mental. Sin embargo, todo eso que no importa, todo eso que es el mundo, no desaparece. Permanece ahí, carcomiendo mi mente a cuentagotas, con razón.

martes, 9 de febrero de 2016

MI GENERACIÓN, por FERNANDO MONTERO (1980)

Reproduzco un artículo de 1980 de mi padre, para la revista Adarga, con cariño, por su rabiosa actualidad.

    Hace unos catorce años, los Who titularon así una de sus más conocidas canciones; hace unos catorce años, la efervescencia del mundo joven se aupaba exultante; hace unos catorce años, en España existía una dictadura, y hace unos catorce años hacían sus primeros escarceos los antecedentes del pasota.

    Hay una diferencia sustancial entre los muchachos que dejaban de romperse los zapatos jugando a la pelota y aquellos otros muchachos de hace cuarenta y tantos años que ya iban bien si tenían zapatos. Estos últimos se metieron en un proceso revolucionario, quizá porque las inmediatas condiciones sociales les llevaron a ello, y estos otros hemos brujuleado entre la contestación, la rebeldía, el hastío y el pasotismo. Unos reivindicaban trabajar y los otros, el no hacerlo. Unos soñaban con un cambio social y los otros con que les dejen en paz.

    Sin embargo, nadie se resigna a dejar de contar sus vicisitudes. Todo el que piensa que tiene historia no suele escribirla en un libro; se la cuenta insistentemente a todos los que tiene a su alrededor. ¡Qué distintas efemérides y cuánto pegote notorio! De las aventuras excitantes de la revolución a las no menos atrayentes de los ácidos en Nochebuena, los canutos en el parque, las comunicaciones comunitarias o los viernes por la tarde en los conciertos del MM. Y aunque se dice que el hombre es el único animal capaz de superar sus circunstancias, quien más y quien menos anda a cuestas con el orteguiano "yo soy yo y mis circunstancias". Los que ahora tenemos más de veinte y aún no llegamos a los cuarenta tuvimos una represión distinta a la del hambre. Nuestra represión fue cultural y sociológica más que política. Lo político era muy sencillo, tanto, que suena a maximalista: había que cepillarse al régimen.

    Hoy no está aquel régimen, pero hay una generación, casi toda una generación, que se debate entre la decepción y la desesperanza. Pomposamente se les llama pasotas. A mí me parece que los pasotas son algo contradictorio y complejo, porque ante todo son un producto de su tiempo. En potencia resultan una gente de derechas, porque con la inhibición no se cuestiona el sistema; pero yo diría que tienen una fina sensibilidad izquierdosa, propia de esa innata rebeldía ante todo lo que suene a autoridad. Los pasotas son esa especie de acracia feliz, o libertarios de derechas, que dicho así suena raro; pero las definiciones tienen el problema de complicar a veces lo definido. La lucha real, que no dialéctica, de estos dos componentes lleva a esa calle de en medio que no tiene salida.
Me parece, cada día más, que el movimiento anarquista desperdició o está a punto de desperdiciar todo ese potencial de insatisfacción que está en la calle. No se trataba de capitalizarlo al modo de los partidos políticos, sin inculcar la necesidad de la lucha estructural. De hecho, no ha habido sintonía entre la calle y los libertarios organizados. Ha habido, eso sí, incomprensión, sectarismo y, sobre todo, falta de paciencia. Porque hay mucho pasota que, rebotado de partidos políticos, se pone en ascuas cada vez que se le habla de una organización; porque hay mucho pasota que se da cuenta de que en realidad no pasa nada; porque hay mucho pasota que desea ver una perspectiva clara de lucha; porque hay mucho pasota que está harto de que le conviertan en moda progre; porque hay mucho pasota al que damos un cierto retufo a "nueva iglesia"; porque hay mucho pasota que curra para comer y no ve posibilidades de lucha en las confrontaciones laborales; porque hay demasiados porqués que no se han analizado.

    En este juego de la sucia política de cara a los jóvenes parece que vale todo. Se pueden inventar autonomías, se puede legalizar la hierba, se puede jugar a modernos desde las Diputaciones, hasta que llega un fulano que dice: "Yo ejerzo de pasota con algún desliz inconexo". ¿Y qué? Pues a darle a la bolita, que esto es como rizar el rizo de las falacias. Por ejemplo, en Andalucía, donde más parados y pasotas se ubican, han tratado de sustituir la conciencia social por una supuesta conciencia nacional. ¡Vaya un bisnes que han hecho los andaluces con el estatuto! Pero en las manifestaciones proautonómicas de los partidos de la izquierda no se han escuchado consignas como "un porro, una tía y Estatuto de Autonomía" o "Ácidos, canutos, queremos un estatuto". Mi generación les está fallando.

    Es que todo es aburrido, me dice un porrero amigo: -Pongo la tele y escucho: "Se han entrevistado el secretario general del partido tal, con el ministro cual. Ambos estadistas pasaron revista a los temas de actualidad y manifestaron, una vez concluida la entrevista, que ésta se había desarrollado en un clima de cordialidad y con enorme sentido constructivo". Un día sí y otro también. Pongo la radio y hasta la FM se ha vuelto un coñazo. La "nueva ola" esa no hay quien la aguante y yo soy como la canción de los Jethro Tull "demasiado viejo para el rock and roll, demasiado joven para morir". Voy al parque y si no hay peta no te enrollas, tío. El cine es un muermazo, y a mí las discotecas nunca me han ido: mal rollo, música mangui, ¡que paranoia, colega! El tate está caro y cada día es más chungalí. Me flipa el jazz, pero viene alguien farde y te clavan casi un talego, tronco ¡que es demasiao! Y encima la madera to el día en la calle. No te puedes pegar una movida tranquilo. Los picotazos tienen unas subidas chungas y además hay un golfeo macarra que alucina, hermano. Luego planto un tiesto en la Kell (sic) y leo en un libro que el rock mata la maría. ¡Qué mogollón, tío, qué mogollón!

    Le dejo al pobre, porque está a punto de coger un complejo de carroza, aunque no es tarra el amiguete. Otro colega que va para sexólogo o algo parecido me dice que la lotería y las quinielas son un factor importante en los países capitalistas. La sublimación de la suerte para combatir la miseria de la vida cotidiana. Los pasotas ya ni hacen quinielas. Un tercero, que va para sociólogo, me divide a los pasotas en: macarrillas, intelectualoides, justificacionistas e idealistas. "¿Hay filosofía pasota?" le pregunto. "Bueno, pues teniendo en cuenta que los pasotas tienen una mezcla de existencialismo a lo Kierkegaard y nihilismo de Nietszche unido a un vitalismo esperpéntico con atisbos comunales y rituales orientalistas..." Este hombre no ha entendido nada. Yo, tampoco.

    Seguimos la ruta, estoy dispuesto a escribir lo que sea con la condición de que no tenga un ápice de moralina. Un supuesto anarquista ha arremetido contra esta gente como no lo hubiera hecho el tipo más retrógrado. La incomprensión a la que aludíamos, porque de esa guisa no es extraño que gane la partida hasta el cura de la parroquia. Los curas son listos, los políticos son listos y los que deberíamos agudizar el ingenio nos metemos en las torres de marfil y esperamos que caiga el maná; traducido: que la gente venga, se conciencie sola, perdón, comparta nuestros puntos de vista.
Mi generación continúa deambulando por las calles a la búsqueda de todo o de nada. Una más de las generaciones perdidas que han pululado por la Historia en una etapa de cambios. Es la juventud de la era de la tecnología y la informática. Pensando en la bomba atómica y el humor de Woody Allen.
El parque cada vez es más sombrío; otoño y las hojas secas suenan al son de las pisadas. Paseo despacio con mi amigo el porrero. El tibio sol no nos llega a calentar el coco. La cerveza de las dos de la tarde, la charla habitual, las mismas caras y las mismas gentes.

    Comemos juntos, el café humea y hablamos de viejas cosas. Esas efemérides nuestras. Los viajes de saco y macuto, las grandes bascas de principios de los setenta, la música que ya debe sonar un poco vieja. Nostalgia, nostalgia, nostalgia. En la calle, la extravangancia política hace estragos. "Impotencia para impedirlo" sería un epitafio menos necio que el "passo de todo" crispante. Los días van pasando a ritmo a veces vertiginoso, a veces desesperante. "Un colocón, que no lo soporto", apostilla mi amigo. Es edificante observar cómo se pasa de líderes, y a los que no quieren líderes es difícil acoplarles sucedáneos.

    Estuve dándole vueltas al tema, conversé con los socios de mi generación y se fueron desvanenciendo los halos mágicos. El sueño ha sido largo y por ahí es irrealizable. Una revista marginal decía que sólo quedan dos caminos, la esquizofrenia o las barricadas. El desvaído sol se apaga y los colegas en su mayoría han elegido o les han hecho elegir, que es más doloroso, la esquizofrenia. ¿Quién le pone el cascabel a ese gato?
Fernando Montero para la Revista Adarga, 1980

miércoles, 23 de diciembre de 2015

EL PACTO POR ESPAÑA Y LA TÁCTICA DE PODEMOS

   Las elecciones del famoso 20d han dejado un panorama político aún más dividido. La oficialidad de las Dos Españas ha pasado a ser de Cuatro. Ya no se divide sólo en dos bandos políticos opuestos, sino en dos generaciones: el pasado y el futuro. Ante este escenario, los resultados de sobra conocidos obligan a otra de esas grandes etiquetas mediáticas: un pacto por España.

   Ese pacto pretende aglutinar a las fuerzas proclives al statu quo (PP, PSOE y C's) y maquillar éste con un aperitivo y un refreso, una nueva cara más amable del poder, pocas veces encontrada. El cambio político es lo que pide la sociedad, y por tanto, es en torno a lo que se crean diferentes bandos para conseguirlo (sea cambio real o no después). Silogismo sencillo: se disputan el mérito de lo que la sociedad pide. Lo que la sociedad pide da el poder. Por tanto, se disputan el poder. Sin embargo, este eje de partidos tradicionales tiene que lidiar con sus problemas internos:

  - El Partido Popular no está abierto, por mucho que lo haya dejado caer levemente en campaña, a una reforma constitucional, aunque puede mercadear con ello (investidura-PSOE). Ni siquiera a un saneamiento del partido. Su estructura como partido se ramifica por todas las instituciones, donde juegan a la corrupción de manera evidente, de manera tan vasta, que no pueden apenas prescindir de nadie. Todos tienen algo que callar. El ejemplo más reciente es Gómez de la Serna que se ha negado a quitarse de las listas electorales a pesar de su escándalo. Es un árbol podrido donde todas las partes se necesitan para vivir, pero que irremediablemente muere. Y lo peor es que ya no puede mantener una apariencia sana. Ni siquiera envolviéndose en la Patria. Por todo ésto, que no se sanee, que no haya nuevas caras, impide cualquier apariencia de cambio y renovación.

   - El Partido Socialista está entre la espada y la pared. Está a oros y a bastos, como de costumbre. Al establishment y a la gente. A las grandes empresas y al pobre desahuciado. Un discurso cambiante desde que Pedro Sánchez es Secretario General. Tanto, que ha copiado el programa de Podemos descaradamente. Y si no se lo creen, mírenlo. Pero esa espada y esa pared vienen dadas por los resultados electorales y la independencia de Catalunya. Esta última empuja la espada, y lo único que le salva al partido es formar un gobierno con el PP para impedirlo. Y si cabe, con C's en eso que decíamos antes del Pacto por España. Problema: si pacta o permite que gobierne el PP, el PSOE habrá muerto como partido de gobierno. Se convertirán en un PKK griego, en el Partido Socialdemócrata alemán. Muletas de quien gobierne. Cadáveres de una izquierda de mal viraje.

- Ciudadanos tiene el problema de haber tenido un resultado insuficiente como para ser significante en algo de lo que está pasando. Tienen muchas ganas de que haya un gobierno por la situación en Catalunya. Tienen ganas de ser partícipes del bando mal llamado 'unionista'. Rascar mérito de la no independencia de los catalanes (por ser su cuna política). Rascar cambio, pacto, transición, Adolfo Suárez y lo que sea, con tal de tener hueco y rascar algo.

   ¿Y Podemos? Podemos es el partido de la estrategia por antonomasia. No sabemos si tienen suerte o tienen cierta maestría. Suponiendo lo segundo, el escenario ha quedado a pedir de boca para ellos. Con 69 escaños, no son partido con suficiente peso para gobernar, pero sí para colocarse en ese otro bando del cambio, en esa superioridad de marcar la agenda política, de erigirse como la autenticidad del cambio. Su mayor baza es la independencia de Catalunya. Apoyando un referéndum no están en contra de los independentistas, pero tampoco a favor. Tienen el apoyo de los 'secesionistas' porque permitir un referendum es como un halago de cortesía. Ahí se produce el intercambio de jugadas: los independentistas esperáis a mover ficha hasta después del 20d, y entonces presionáis con la continuación del 'procés' . Esto hace que se forme un gobierno central de obligado pacto de las fuerzas tradicionales (PP-PSOE + C's), lo que hace dinamitar al PSOE, barriendo todos sus votos hacia Podemos, que se proclama único partido de la izquierda, habiendo ya dejado terminal a IU. Si esta lógica se cumpliera y sumáramos, Podemos se podría ver con 174-175 escaños (90 PSOE + 69 Podemos + 15/16 de IU si se unificara con Podemos). Es decir, MAYORÍA ABSOLUTA.

   Para conseguir ésto, Podemos tiene que dar la apariencia de querer una nueva Transición, de ahí los comentarios sobre la necesidad de un independiente y cosas así. Tiene que hacer que Ciudadanos se coloque en la opinión pública en la derecha. Ésto es muy importante para que las migajas de la muerte del PSOE no fueran a Ciudadanos. Si se forma el gobierno que mate al PSOE, perfecto para ellos. Si no, perfecto también porque se repiten las elecciones, y en ese escenario ellos han quedado como los que no pueden gobernar y lo aceptan,  como los únicos capaces de dialogar con los catalanes, como los que ponen condiciones muy claras para aceptar la proclamación de alguno de los posibles gobiernos. Cuatro de las cinco condiciones son proclamas de la ciudadanía en su conjunto. Una es la del referéndum en Catalunya, innegociable. Ésa es la llave de Podemos.

   Maquiavelo no creería en la inocencia de los acontecimientos que están teniendo lugar. Por suerte o por desgracia, yo tampoco.