martes, 26 de mayo de 2015

MICHAEL WALZER Y EL COMUNITARISMO



SOBRE WALZER Y SU PROPUESTA  
   Abordaremos la propuesta política del liberal-comunitarista Michael Walzer, famoso teórico y filósofo político estadounidense.
   No olvidemos que la época de globalización ha revuelto las identidades y las ha sumido en una crisis. El multiculturalismo, las oleadas de inmigrantes, el auge del neoliberalismo, las dobles nacionalidades, las relaciones entre Estado y Nación han conformado un magma que ha envuelto al individuo en una utopía en su significado originario: un no-lugar.
   Para Walzer, el concepto de ciudadano y su implicación política es algo que hay que superar. Analiza muchas corrientes teóricas como la democracia radical, el marxismo, el capitalismo y el nacionalismo, dictaminando que ninguna es la correcta ya que ofrecen una visión sintética de la ciudadanía, de la organización social. Sin embargo, no se centrará en lo erróneo de otros planteamientos, sino en construir uno a través de uno de los aspectos que más afecta a las democracias liberales actuales: el apoliticismo.
   Según el norteamericano, somos seres sociales antes que políticos o económicos. Esto quiere decir que establecemos relaciones sociales mucho antes que relaciones o implicaciones o ambiciones políticas o económicas. En la naturaleza humana radicaría, siguiendo a Walzer, un apoliticismo natural, esencial. Por esta razón, Walzer quiere atender a lo que según él es lo intrínseco en el ser humano: esa sociabilidad primigenia que lo conforma en grupos como por ejemplo la familia. Así, nos dirá que su modelo se basará (y se titulará) en un “asociacionismo crítico”.
   Pero, ¿qué significa esto? Para Walzer, acercándose a posiciones neoconservadoras, los individuos se volcarían en asociaciones ciudadanas o del ámbito civil para combatir al Estado (y sus excesos, suponemos). El problema de su teoría es que para ello acudirá a usar recurrentemente a la Sociedad Civil (con mayúsucla) como un sujeto preorganizado naturalmente que se vierta sobre el Estado. Respetaría, según él mismo, las diferentes culturas e identidades, y el individuo pasaría de unas a otras instancias civiles en las que volcaría sus sentimientos de solidaridad. Bien, esto tiene un problema de fondo muy claro: la Sociedad Civil no es un Sujeto Trascendental, un sujeto colectivo, por lo que cae en el mismo error que las teorías neoliberales y socialistas: crear una metafísica del ser humano (“el ser humano es antes social que político”) que valide toda su disertación. No existe tal Sociedad Civil, y mucho menos como contrapeso de un Estado que tiene sus ramificaciones perfectamente organizadas e institucionalizadas. Además, este modelo que se basa en generalidades, ¿a qué respondería en situaciones concretas? ¿Cómo contrarrestaría esa Sociedad Civil a los poderes económicos y políticos que actúan de forma corrupta? No concreta un modo de acción o una verdadera identidad política a la que agarrarse. En mi opinión, la teoría de Walzer se diluye en su propio asociacionismo. Funcionaría, muy probablemente como ahora, como organizaciones donde uno puede hacer voluntariado, ayudar y aportar, siendo a la vez las que regulan las desigualdades, favoreciendo en primer lugar a quien las padecen, pero en segundo, a los políticos que no las atienden.
   Por otra parte, me gustaría introducir una reflexión de Fernando Quesada sobre la política y lo político. Y es que es tremendamente cierto que lo político, la organización en sociedad más básica, ha existido siempre inevitablemente. La política como tal, nació ante la necesidad en la Grecia clásica de resolver una serie de crisis y  una desestabilidad en el contexto del paso del mito al logos. Haciendo más énfasis en esto, la política nació como solución a problemas de diversa índole (guerras, desigualdades, problemas en los sistemas de categorías) buscando el equilibrio, buscando en la mayoría de ocasiones lo justo. Desde mi punto de vista, no se puede llamar política a entregar todo ámbito de sociedad a lo privado, ni a una propuesta que busca el desquite de los ciudadanos y su descontento en diferentes asociaciones solidarias. ¿Qué papel tiene esa Sociedad Civil postulada? ¿Qué función le otorga al Estado? ¿En qué queda el concepto de ciudadano? Estos son los interrogantes que habría que resolver por parte de Walzer, intentando una mayor concreción, alejándose de todo supuesto o metarrelato metafísico.
   Por último, ese apoliticismo no es una cuestión baladí, de causa aleatoria o naturalmente humana. Se trata de un apoliticismo que nace de dos sucesos: la corrupción y elitismo de la política y el fracaso de aquellos que han prometido trabajar para los ciudadanos siendo totalmente al revés. Podemos poner como ejemplo que, ciudadanos que se han sentido huérfanos de políticas, han acabado creando esas asociaciones que comenta Walzer, pero que no tienen un vacío político, sino que aspiran al cambio y trabajan por él, como hemos podido ver en España.

lunes, 9 de febrero de 2015

EL SER HUMANO, UN SER DESORIENTADO


  Traiciones de banda de bandera a su contigua, teñidas de blanco y negro, van perdiendo la hermosura lumínica de los que un día quisieron darle significado a su Nación. Plantamos un cerco a nuestros límites físicos, en la misma línea que otros en otro tiempo, pensando que nadie podrá derribar nuestra artificialidad. Un ser humano en su solipsismo, envuelto en sí mismo y vuelto hacia sí, retorcido por antonomasia, se revuelve en sus entrañas buscando significados de lo derruido, es decir, rebuscando. ¿Intenta construir algo nuevo? En absoluto.
   Vuelve al pasado buscando respuestas a preguntas que tienen las mismas respuestas, pero quiere encontrar una solución nueva a antiguas preguntas en las mismas respuestas fallidas. Busca un tiempo mejor en el definitivo fracaso de la degeneración. Busca parar el tiempo y apostar por un continuo estado de lo mejor constante y perpetuo. Tan irreal como espantoso. Y no porque no merezcamos la paz eterna (¡qué ansia de muerte esconde!), sino porque no nos traería paz interior, sino el enfrentamiento inevitable ante lo que en verdad somos. En realidad, pocos están preparados para esa batalla que surge en uno mismo y que tan desesperados nos tiene en el fondo. Muy en el fondo, pues la superficie la solucionamos provocando la destrucción en la alteridad o haciéndonos destructivos, pero destructivos sin terminar de destruir, es decir, el mal por puro vicio.
   Retrasando nuestra tarea principal, la vamos dejando encadenándonos a obligaciones impuestas, ya sea por el todo o por la parte, es decir, por la sociedad o por nosotros mismos. Un sentido rutinario de la vida, que, mientras creemos que está en rumbo firme, no hay nada firme en ese rumbo aparte de la pura repetición impuesta. Tanto es así, que, al no aceptar que la vida es cambio y movimiento, sentimos el temblor interior que supone el tambaleo de alguno de los pilares que sostienen nuestras vidas: la familia, el compañero sentimental, la muerte,…
   Todo ser humano acaba optando en cierta manera por la ataraxia. Acaba convirtiéndose más bien en un insípido animal evitando su inevitable conciencia, como el que huye de sí mismo, pero se encuentra en cada esquina. Si bien, al final nos asaltan en esas esquinas las mismas preguntas a punta de fusil: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué significa la vida?
   ¿Por qué es tan difícil dar respuesta? Por nuestra propia incoherencia y contradicción. Anhelamos que cada momento de nuestra vida sea paralizado o repetido ante lo imposible de lo primero. Pero, a su vez, no queremos arriesgarnos emocionalmente a nada, no queremos sentir dolor, ya que al final, toda emoción implica dolor en algún momento. Ese dolor que nos hace resquebrajarnos por dentro, que nos deja sin respiración, que evidencia la tragedia que significa vivir, precisamente por una búsqueda errónea. Esa búsqueda errática y fatídica no es más que la añoranza de cristalizar nuestra vida en etapas al poner un dique, una frontera y hacer un croquis lineal de lo que hemos sido. Tal como aparecía en los libros de texto básicos sobre la evolución, pensamos que nuestra vida sería más o menos así. Empezaríamos siendo básicos y acabaríamos siendo complejos, aunque en realidad seamos básicos para acabar siendo complejamente básicos.
   La vida no da opción a la parada a menos que uno tome la radical decisión de suicidarse, que entonces, uno mismo se ha dado tal opción. Por lo tanto, en esta vida en la que todo fluye, da el suficiente tiempo para equivocarse, pero también para reaccionar. Por ello, da tiempo a mirar y remirar todo el continuo tiempo recorrido y reflexionar profundamente en cada una de las cosas que hicimos, admitiendo fielmente que no hubo nunca un cambio hiperbólico de dirección de un día para otro. En el fondo, todo inicio comienza con una semilla. De ella nace algo vigoroso y que luce con esplendor, e inconfundiblemente va menguando.
   Tenemos la tarea de emprender proyectos vitales en la medida que nuestro estado físico lo permita y establecernos finalmente cuando inevitablemente vamos siendo víctimas de nuestra propia condición animal. Así, que el miedo llegue al final, mientras recorremos nuestro camino, sin tener miedo a nuestras preguntas más profundas, pues pensar en ellas no es nada más que la bandera verdadera de lo que somos, seres humanos profundamente desorientados ante la vida. Haciendo camino al andar, no encontraremos sentido absoluto, pero le daremos un sentido, el nuestro.

viernes, 16 de enero de 2015

ACOSTUMBRADOS A NUESTRA CIVILIZADA ESTUPIDEZ

   Las últimas semanas, o mejor dicho, los últimos años, somos objeto de noticias impactantes cada semana. Noticias que olvidamos semana tras semana con la salida de una nueva e impactante conmoción informativa. Como dice Barney Stinson: "Lo nuevo siempre es mejor". Así que, podría tratar aquí del ébola, del pequeño Nicolás, del PP-PSOE y viceversa, del auge de PODEMOS o de la Navidad, que ha pasado a pies juntillas. Pero no. Vamos a darle un voto de confianza al capítulo de esta semana y otorguémosle a los atentados de París una reflexión.

   No es difícil adivinar lo que pensaron los gobernantes occidentales cuando se produjeron los atentados, si es que no tenían conocimiento de que iban a cometerse, algo harto improbable si el día siguiente a ellos, a los terroristas los habían seguido por todo el mundo hasta casualmente el último mes donde planearon y ejecutaron su malévolo plan. Digamos que si dejamos las teorías conspiranoicas de lado, (no absurdas, por otra parte) las administraciones de occidente no pueden parecer más que cómplices. Volviendo al meollo de la cuestión: imagínense a Hollande siendo informado de la significante tropelía acometida contra los ciudadanos franceses. Su funcionamiento como rata política común fue el siguiente:

1. ¿Afectará en las encuestas de intención de voto? Sí, por lo tanto mi actitud debe ser rígida ante los locos éstos coránicos.
2. ¿Podría ponerme como abanderado de una causa o incluso mártir? Sí.
3. En consecuencia, ¿recibiría el apoyo de occidente y podríamos dar una imagen ante un enemigo común? También.
4. Por último, ¿puedo, con la excusa de defender la bandera que sostengo, hacerle unos ajustes contextuales y escupirla? Ciertamente.

   Acostumbrados a nuestra civilizada estupidez, en ningún momento caen en la importancia de que Francia, tal como otros países europeos, apoya regímenes sin libertad ninguna que extorsionan y matan sin control (ya sean controlados por la yihad o habitantes marcianos). Los apoya cuando les beneficia económicamente, no vayamos a pensar que son inmorales, simplemente utilitaristas ¿o no?

   Acostumbrados a nuestra civilizada estupidez, no les importa cambiar la hipocresía por el cinismo, y más si en un gran movimiento popular de masas, todo el mundo proclama la libertad. Siguen con su razonamiento: "¡Ah! Y si podemos sacar en televisión un plano de la diversidad racial contenida en la Plaza de la República, mucho mejor. ¡Éso es! Que salga alguien con turbante, que quede claro que no nos molestan los moros que aceptan la libertad, sino los otros, esos tan peligrosos que van a someter a toda Europa al Islam. Bueno en realidad, para asegurarnos de la seguridad del ciudadano, le quitaremos libertad a éste, y al árabe, porque para perseguirlo es mejor llamarlo árabe, no vayamos a ser poco progres. Al árabe lo perseguiremos hasta si le está haciendo fotos a sus hijos, por si en un pensamiento árabe característico, le da por usarlos de bombas humanas".

   Acostumbrados a nuestra civilizada estupidez, los líderes del mundo se wasapean en su grupo de gente cool de occidente. Su diálogo, probablemente en inglés, omitiremos la intervención de Rajoy, quien debe tener a su traductor en el grupo también, sería el siguiente:

- Doña Ángela: No creáis ninguno que en Alemania tendremos piedad con vuestra deuda porque os pasen estas cosas. La deuda que tenéis con nosotros se antepone a cualquier suceso, así que si habéis tenido algo que ver con la muerte de esa gente, no ha colado. Os dejo, que me voy al supermercado que he hecho un montaje para que me fotografíen en el Lidl, así parezco una ciudadana más.
- Napolitano: Edya señota mumca se relaka?
(La edad no perdona en cuestiones de teclas. Quiso decir: "Esta señora nunca se relaja?)
- Medvedev: Putin dice que la va a liar pardísima como estéis jugando con el precio del petróleo o el gas natural. Lo de derribar aviones ucranianos era un aviso.

Medvedev ha salido del grupo
- David Cameron: Mis condolencias al presidente francés por su terrible pérdida. Esa gente, aunque contraria a nuestro sistema capitalista, ofrecía una gran aportación al sistema impositivo y al PIB francés, por ello le presento mis respetos señor Hollande.

Pasan los minutos.

- David Cameron: Señor Hollande?
- Hollande: Perdonadme, estaba en una reunión con mi equipo de gobierno. Valls me ha aconsejado que aproveche la coyuntura para ponerme en primera línea de la manifestación convocada a favor de la libertad. Os venís, chicos? Podríamos hacernos una selfie en pro de la libertad y sujetar el lema ése que ha salido en twitter, el de #JeSuisCharlie
- David Cameron: Señor Hollande, es una falta de cortesía no agradecer mis condolencias.
- Manolo (traductor de Rajoy): Mi presi dice que se apunta a un bombardeo. Jajajaja, lo cogéis? Eso, que él va dónde digáis y chupa lo que chupéis, ya sabéis como es éste. Además, si así puede salir del agobio que hay aquí con el rollo de los muertos por Hepatitis C, que digo yo, que no la hubieran cogido no? En fin...que allí estaremos. Lo que no sé es si tengo que ir yo de tapadillo por ahí, que luego el barbas se me aburre si no le dais conversación...Ya me decís. Nos vemos señores!!! (icono de bailaora flamenca)
- Doña Ángela: Jajaja para pagar no sois buenos, pero en el humor sois de lo que no hay los españoles. Por cierto, yo no sé de que crisis económica habla la gente. ¡Hay tres por dos en salchichas!
- Manolo: No te las comas dobladas, Ángela, que nos conocemos...
- Doña Ángela: ??? Ten cuidado con lo que dices que representas al gobierno español. Bueno, que yo también me pasaré por ahí. Hollande prepárame coche y parafernalia triunfante a mi llegada. Besos para todos. Voy a ver si pago ya que hay mucha cola. Adiós.
- David Cameron: Hollande, ud. todavía no ha aceptado mis condolencias y sería infame que entraramos en crisis por ello, lo que conllevaría no acompañarle en la manifestación. Mis condolencias también a Mariano Rajoy por los muertos por Hepatitis C.
- Manolo: No toque usted ese tema que está "Al Rojo Vivo" (este chiste no lo pillaréis). El caso es que son potenciales votantes de PODEMOS, y como nosotros podemos no darles la cura, pues ahí andan cayendo como moscas jajaja. Hasta vamos a montar una comisión jajajajajaja...Somos la polla...
- Hollande: Sería bueno que viniérais todos. Por cierto, Valls me recalca que gracias a ésto podríamos hacer ajustes legales en materia de control ciudadano, siempre por su igualdad, libertad y fraternidad, por supuesto.
- David Cameron: Señor Hollande, es usted un maleducado.



David Cameron ha abandonado el grupo.

- Hollande: Y a éste qué le pasa?
- Doña Ángela: Que le hubiera gustado que el atentado fuera en su país, así tenía excusa para hacer algo con la inmigración. Yo hubiera preferido en España o Grecia, no vaya a ser que ganen los comunistas aupantes y no nos paguéis la deuda...
- Manolo: Nosotros quisimos involucrar a PODEMOS en el atentado de París, pero no encontramos ningún islamista en sus filas. Una lástima...
- Hollande: Pues a trabajar: que la gente os consiga ediciones de "Charlie Hebdo" y así pareceréis hasta lectores comunes. También recordar unión en el discurso, que nos la estamos jugando con las elecciones todos aquí. Libertad, libertad y libertad. Recordad recalcar eso. Me voy de comida con Valls a ver si se le ocurre un plan para evitar el aumento de votos de Le Pen. Menos mal que a este español lo educamos nosotros, porque lo que hay que aguantar con Manolo aquí en el grupo es asqueroso. Gracias por vuestro apoyo. Voy a ver si Cameron me coge el teléfono, no creo que vaya a romper relaciones con nosotros por esa tontería. Un saludo.
- Manolo: Franchute, ten cuidado con lo que dices, que el enmarronao' eres tú que has permitido un atentado en tu país jajajaja.




...

   Podríamos seguir imitando la posibe conversación, que aunque en tono de sorna, no creo que diste mucho de la realidad. La conclusión no nos va a hacer extendernos mucho más: los valores democráticos se han convertido en una total mentira, en una herramienta que desplaza votantes de un partido a otro o que salen a relucir cuando muere el más cercano, pues otras muertes no nos indignan tanto. En realidad, que muera la gente, sea quien sea, es una razón para sacar provecho político. Y así andamos en el mundo civilizado, comportándonos como alimañas que se alimentan de cualquier sufrimiento ajeno para su beneficio. Eso es verdaderamente nuestra cultura y nuestros valores actualmente. Sé que los presidentes de turno occidentales pensaron que marchando con una pancarta en las manos que rezara libertad, obtendrían el poder para arrebatarla y a la vez salir en los libros de Historia como grandes defensores de la misma. Sin embargo, los tiempos están cambiando, y uno empieza a sentirse tan asqueado del mundo y su amargante falsedad que no puede pensar otra cosa que o todo está al revés o yacemos boca abajo mientras nos llueve sobre la cabeza. ¿#JeSuisCharlie? Un producto político, un símbolo de reafirmación clasista, una hipocresía galopante en el fondo de nuestras almas. ¡Qué indignante que alguien pueda arrebatarnos algo a la gente civilizada! Siempre será mejor arrebatar al que está más abajo. Y cuando tú, español medio, te sientes arrebatado por quien te gobierna, recuerda que eres cómplice legitimador de arrebatarle a otro más empequeñecido que tú, su libertad. Y dirás algo típicamente español: "Ya, pero no soy yo solo, hay más que lo hacen". Pero eso, amigo mío, no te exime de la culpa. Ni a mí escribir esto me exime de ella.

miércoles, 21 de mayo de 2014

EL PROBLEMA DEL TRABAJADOR



   Hay que reflexionar sobre la condición precaria del trabajador hoy en día. No a través de los tópicos pseudo-revolucionarios clásicos del tipo ‘alienación’, ‘oprimidos’, etc. Intentaremos descubrir cuál es el papel del trabajador en el proceso productivo desde las relaciones sociales.
   Estamos en un sistema que funciona de manera contractual. Esto quiere decir que cada uno de los individuos aporta algo al otro, hace un intercambio con él, se establece un acuerdo. Así, nuestra democracia consiste en votar a unos representantes que se comprometen a promover nuestro bienestar. Nosotros aportamos el voto, ellos su pretensión (ya sabemos que cumplen bastante poco). Ahora bien, miremos la situación del trabajador.
   El trabajador y el empresario se supone que llegan a un acuerdo, al igual que en el ejemplo del voto. El empresario otorga cierto dinero a cambio de que el empleado trabaje y el beneficio del producto sea para el empresario.  ¿Qué papel juega el trabajador en esta negociación? ¿Tiene la posibilidad de elegir a qué precio vender su fuerza de trabajo? Ninguno y no. Ésas son las respuestas. La siguiente cuestión es por qué.
   El precio no lo elige el trabajador porque está sujeto al sistema de mercado. No quiero entrar en tópicos, pero el trabajador es una mercancía. Si hay poca demanda de empleo, el trabajador puede obtener más beneficio cuando produce. Cuando la demanda se dispara, es decir, llegamos a tener cinco o seis millones de parados, la demanda es tan grande que el precio al que se vende la fuerza de trabajo comienza a ser una vergüenza. Incluso empresarios hablan de que el trabajador tendría que trabajar gratis o pagar por trabajar. A todos nos ruborizan este tipo de comentarios, pero ellos están pensando en que hay muchísima demanda y pueden incluso llegar a pagar cero. Así es como funciona el trabajo, bajo la ley de la oferta y la demanda, como cualquier producto. Se vende la libertad y las opciones de elegir y ninguno de nosotros podemos intervenir en ello. Imagínense que todos los trabajadores se pusieran ellos mismos un salario mínimo para producir. No sólo obligarían al empresario a soltar más dinero, pues es verdaderamente quien necesita que alguien aporte su fuerza de trabajo, sino que ustedes podrían tener la sensación de estar eligiendo algo en este proceso. Sin embargo, como estamos educados en este sistema, lo más probable es que todos, por competencia, comenzaran a bajarse a sí mismos los salarios con tal de tener trabajo y que el otro no lo tenga. Es el precio que hay que pagar por una sociedad individualista que nos enseña a querer acumular sin ningún sentido.
   Por último me gustaría resaltar que en sociedades como las bandas o las tribus, nadie vende su fuerza de trabajo y todo el mundo tiene que trabajar. Porque el trabajo en estas sociedades es una obligación social. Cada uno puede poner su producto en común para luego redistribuir el total entre todos o puede hacer intercambios desde diferentes tipos de reciprocidad*. También estas sociedades tienen lazos de parentesco y filiación mucho más fuertes. Quizás esa sea la razón, junto con la urbanización (que no nos permie producir sustento directo), de la lastrada posición del trabajador en el sistema productivo del capitalismo. Pero bueno, la gente tampoco quiere pensar en ello, sólo que alguien con una varita lo arregle y le proporcione bienestar. Ilusos.

*: Karl Polanyi – El sistema económico como proceso institucionalizado

domingo, 18 de mayo de 2014

LA FRUSTRACIÓN ESPAÑOLA



   Tras el asesinato de Isabel Carrasco por la madre de una compañera de partido y la misma, el debate, sorprendentemente (¿o no?), que ha inundado los medios de comunicación es sobre las publicaciones en Twitter. Muchos han manifestado su alegría o han bromeado sarcásticamente con la muerte de la susodicha, lo que ha llevado a un revuelo sobre la libertad de expresión en Internet muy interesante.
   Es obvio que los gobernantes saben de la cantidad de publicaciones que hay en Twitter y otras redes sociales que justifican todo tipo de delitos y ensalzan cualquier comportamiento radical. De hecho, son mencionados diariamente por ciudadanos que vuelcan sus frustraciones mediante esta manera de contacto directo que es la única que pueden tener, excepto cuando en campaña electoral los candidatos se dan una vuelta por un mercado a saludar a sus futuros votantes. (¿Dónde habremos llegado si con un saludo pueden ganar un voto?)
   Centrémonos ahora en el tema en cuestión. ¿De verdad van ustedes a regular el espacio público y virtual donde la gente vuelca el odio que les tienen? ¿Acaso quieren que ese espacio se haga físico y vuelvan los escraches a estar a la orden del día? Ambos sabemos que no va a suceder. Ustedes no van a regular nada, porque saben de la complejidad del mundo de Twitter. Hay muchísimas cuentas que se dedican a un humor muy negro, o gente que simplemente se dedica a trollear. Saben que poner límite a algo tan escurridizo es imposible. Uno mismo puede ser irónico, sarcástico, escribir al revés para que no lo denuncien, etcétera. Si la gente quiere espetarles unas letras, lo van a hacer, y ustedes están encantados de ello, no vaya a ser que prefieran salir a la calle y la frustración la vuelquen con ustedes a lo Robespierre.
   Su habilidad para trasladar el tema importante de la semana está siendo cada vez menos efectiva. Cuando sus políticas de austeridad lastraban al país dejando a centenares de familias en la calle, mientras ponían un total de 107.000.000.000 millones de euros en manos de los bancos, ustedes lo reducían todo a términos macroeconómicos. Esto podía ser tragable para la población española, que aún así no entendía como en la supuesta mejor etapa de la historia de la humanidad, llevarse algo de comer a la boca dependía de la macroeconomía. Sin embargo, desde que se pasan el día sacando la bandera de la recuperación porque los términos macroeconómicos han mejorado, no tienen ya chivo expiatorio al que echarle la culpa. Ahora, cada vez que hay un escándalo, incluso algo fortuito como el asesinato de su compañera, tratan de trasladar el debate a temas cada vez más absurdos, aumentando la frustración, ya innata en los españoles hasta en buenos tiempos, para superar el límite de la paciencia general.
   Bien podría ser que su experimento sociológico de medir la paciencia y alienación de los ciudadanos esté llegando a su fin, que no al fin de ustedes, que cuando quieran pueden hacer cuatro medidas populistas y salir triunfantes. A menudo me los imagino riéndose del ciudadano corriente en sus despachos, mirándose al espejo henchidos de poder, mientras los demás veríamos en esa imagen la desolación del ser humano. A la indignación ciudadana le faltan dos cosas para reventar hacia ustedes: que la desesperación se organice y que no le importe ser violenta. Hasta entonces, en ciento cuarenta caracteres seguirá cabiendo poco más que “hijos de puta”.